Que me miren esos ojitos,
que me miren siempre a mí,
y que encuentren en mis ojos
una razón para sonreír.
Que me miren cuando callo,
cuando hablo, cuando sueño,
y que sonrían tan solo
porque saben que los veo.
Que esos ojitos me busquen
aunque el mundo esté de prisa,
y que al encontrarse con los míos
se les escape una sonrisa.
Porque no pido demasiado:
solo quiero, entre mil miradas,
que esos ojitos tan bonitos
me miren como si no existiera nada más.

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