miércoles, 16 de septiembre de 2026

A un solo paso


El hombre oscila entre el anhelo de morir,
por la esperanza de un descanso,
y el deseo feroz de vivir intensamente,
porque esta vida 
aunque duela
es la única que conoce.

Y, sin embargo,
la vida, con todas sus promesas,
no ha hecho más que enseñarnos la felicidad
desde lejos;
ponerla al alcance de las manos
y retirarla un instante antes de tocarla,
dejándola siempre allí,
a un solo paso,
como si un paso pudiera durar toda una vida.

Entonces,
qué tan necio puede llegar a ser el hombre
para consolarse con la idea de un descanso
al otro lado del abismo.

¿Qué sabemos de eso?

Si esta vida que hemos recorrido,
esta que hemos visto amanecer,
esta que conocemos por el tacto,
por el hambre,
por las lágrimas,
por algún instante de dicha,
se nos antoja tantas veces mezquina,
¿por qué habríamos de confiar nuestra última esperanza
a una existencia cuyo nombre, sin rodeos, es muerte?

Quizá sea una patética soberbia
imaginar que el silencio será descanso,
que la ausencia será alivio,
que detrás de la última puerta
alguien habrá preparado una cama
para liberarnos del cansancio.

Porque nadie ha vuelto del otro lado
con el descanso entre las manos.

Y mientras tanto,
aquí queda la vida:
imperfecta,
cruel a veces,
pérfida y burlona,
capaz de acercarnos la felicidad
solo para enseñarnos cuánto duele perderla.

Pero también honesta,
siempre franca.

Y quizá esa sea toda su ventaja
frente a la muerte:

que mientras quede vida
quedan todavía posibilidades,
por pequeñas que parezcan,
de alcanzar aquello
que tantas veces estuvo
a tan solo un paso.

lunes, 22 de junio de 2026

Delirio de una noche en Mombai

 

La noche me ha sorprendido
Ahogado en la cruenta realidad
De una muerte lenta en soledad

Una flauta lejana
Clamor de mezquita oriental
O el llanto de mi alma que te invoca sin cesar

Te veo en la distancia
Y entiendo que estar solo
Es reconocer el amor hasta que se largó

Y aun con todo
No hay mayor pesar
Que darse cuenta de que el amor no muere en realidad
Solo busca o espera otro pecho que habitar

Entonces todo duele
El frío de una noche sin tu piel
O el delirio sofocante
De una noche larga en Mumbai

domingo, 31 de mayo de 2026

Cuando llueve


Ahora que llueve
vuelvo a pensar en aquellos poemas
que escribí durante años, 
Eran versos cargados de nostalgia
de silencios húmedos y sentimientos lúgubres
como esas tardes grises de mayo que precipitan el anochecer.

Con el tiempo comprendí
que todos aquellos poemas 
habían nacido del dolor 
de los amores idos e ilusiones perdidas. 
Eran palabras lanzadas sobre ausencias,
puertas cerradas
y nombres que ya no habitaban mi presente.

Entonces entendí que estaba invirtiendo mi tiempo
mi amor y mi talento 
en cosas que ya no existían; 
estaba regando jardines abandonados
iluminando con mi amor habitaciones vacías
esperando el regreso de una presencia 
que hacía mucho se había marchado lejos de mí.

Pero ahora las cosas son distintas.

Cuando llueve
especialmente cuando el día comienza a claudicar
todavía aparecen algunas musas 
que se cruzan en mi camino 
con la misma belleza serena de ayer.
A veces quisiera cazarlas al vuelo
antes de que desaparezcan entre la bruma. 
Otras veces, simplemente, las dejo seguir,
imperturbables,
su camino
pero no porque carezcan de mérito para quedarse
sino porque he aprendido
que los sentimientos nobles
merecen un refugio más digno.

De modo que las veo alejarse por la ventana;
las observo perderse bajo la lluvia 
mientras guardo la esperanza 
de que algún día regresen
cuando exista en mi vida 
un nido mejor donde puedan posarse
un lecho más noble
libre de fantasmas
más digno de la belleza que traen consigo.

Hasta entonces, las dejo volar.

domingo, 17 de mayo de 2026

No quiero nada


Yo quería lo que quería
cuando creía que ella me quería.

Ahora que sé que ella no me quería,
no quiero nada,
ni siquiera volver a creer que ella me quería.

No sé si todavía la quiero,
pero si ella no me quiere
como yo la quiero,
no quiero nada.

Dígale eso.
O, pensándolo bien,
mejor no le diga nada.

sábado, 24 de enero de 2026

Aquí no hay negros


El mayor acto de racismo cometido contra los africanos y los afrodescendientes no fue la caza, la comercialización ni la posterior esclavitud. El mayor acto de racismo está ocurriendo hoy, en pleno siglo XXI, y consiste en borrar al negro incluso de la conversación, en invisibilizarlo, en negarle su rasgo más evidente y elemental: el color de su piel.

Le llaman corrección política, pero no es más que una vergüenza colectiva disfrazada de corrección política, porque nada que tenga que ver con la política es realmente correcto o bueno, ni siquiera decente. Le llaman inclusión, pero no quieren incluir al negro en el crisol de la humanidad, como si se tratara de una mancha que debe ocultarse. Es como si esta sociedad dijera en voz baja: “¿Negros? No, aquí no hay negros. Que nadie lo diga. Que nadie lo sepa. Que en ningún otro lugar del universo se enteren de que en la Tierra existen negros”.

El negro es negro y debe ser aceptado como tal. Sus logros deben ser visibilizados y celebrados como logros de un negro, no diluidos bajo etiquetas eufemísticas como “persona de color” o “afrodescendiente”, porque no llamar negro al negro es negarle hasta su propia existencia en el mundo real.