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domingo, 31 de mayo de 2026

Cuando llueve


Ahora que llueve
vuelvo a pensar en aquellos poemas
que escribí durante años, 
Eran versos cargados de nostalgia
de silencios húmedos y sentimientos lúgubres
como esas tardes grises de mayo que precipitan el anochecer.

Con el tiempo comprendí
que todos aquellos poemas 
habían nacido del dolor 
de los amores idos e ilusiones perdidas. 
Eran palabras lanzadas sobre ausencias,
puertas cerradas
y nombres que ya no habitaban mi presente.

Entonces entendí que estaba invirtiendo mi tiempo
mi amor y mi talento 
en cosas que ya no existían; 
estaba regando jardines abandonados
iluminando con mi amor habitaciones vacías
esperando el regreso de una presencia 
que hacía mucho se había marchado lejos de mí.

Pero ahora las cosas son distintas.

Cuando llueve
especialmente cuando el día comienza a claudicar
todavía aparecen algunas musas 
que se cruzan en mi camino 
con la misma belleza serena de ayer.
A veces quisiera cazarlas al vuelo
antes de que desaparezcan entre la bruma. 
Otras veces, simplemente, las dejo seguir,
imperturbables,
su camino
pero no porque carezcan de mérito para quedarse
sino porque he aprendido
que los sentimientos nobles
merecen un refugio más digno.

De modo que las veo alejarse por la ventana;
las observo perderse bajo la lluvia 
mientras guardo la esperanza 
de que algún día regresen
cuando exista en mi vida 
un nido mejor donde puedan posarse
un lecho más noble
libre de fantasmas
más digno de la belleza que traen consigo.

Hasta entonces, las dejo volar.

sábado, 24 de enero de 2026

Aquí no hay negros


El mayor acto de racismo cometido contra los africanos y los afrodescendientes no fue la caza, la comercialización ni la posterior esclavitud. El mayor acto de racismo está ocurriendo hoy, en pleno siglo XXI, y consiste en borrar al negro incluso de la conversación, en invisibilizarlo, en negarle su rasgo más evidente y elemental: el color de su piel.

Le llaman corrección política, pero no es más que una vergüenza colectiva disfrazada de corrección política, porque nada que tenga que ver con la política es realmente correcto o bueno, ni siquiera decente. Le llaman inclusión, pero no quieren incluir al negro en el crisol de la humanidad, como si se tratara de una mancha que debe ocultarse. Es como si esta sociedad dijera en voz baja: “¿Negros? No, aquí no hay negros. Que nadie lo diga. Que nadie lo sepa. Que en ningún otro lugar del universo se enteren de que en la Tierra existen negros”.

El negro es negro y debe ser aceptado como tal. Sus logros deben ser visibilizados y celebrados como logros de un negro, no diluidos bajo etiquetas eufemísticas como “persona de color” o “afrodescendiente”, porque no llamar negro al negro es negarle hasta su propia existencia en el mundo real.

sábado, 17 de enero de 2026

Error de programación neuroemocional


Considero que es un error educar a los hijos bajo la premisa de que, si son buenos, el mundo los va a querer, los va a aceptar y los va a premiar. Es más conveniente educarlos con criterio propio, enseñarles a establecer límites sanos y respetuosos e inculcarles que nunca pierdan su dignidad por ningún motivo, porque el mundo no recompensa la bondad, sino que respeta la fortaleza integral del individuo.

martes, 13 de enero de 2026

Decepción


La decepción no viene de dar demasiado; viene de haber esperado justicia en un mundo que funciona por interés.do; viene de haber esperado justicia en un mundo que funciona por interés.

martes, 16 de septiembre de 2025

Desnudándome

Esta noche
siento el peso del mundo en mis hombros:
el dolor, la amargura,
y esa batalla a muerte
entre vencer y dejarse vencer,
de los siglos por los que ha pasado mi vida.
Aunque no lo recuerde,
aunque ya no crea en vidas pasadas,
sé que un dolor milenario respira dentro de mí.

Busco entre mis libros
uno que me acoja,
que me comprenda
que parezca existir por mí y para mí.

Después intento escribir,
como el agua que, en la oscuridad de la noche,
trata de replicar
el hechizo del brillo de la luna
que se mece sobre su cuerpo.

Así es mi expresión:
imperfecta,
como el disco lunar distorsionado
en las ondas que serpentean en el agua.

Mis poemas
y las voces de mi alma,
que quisiera vestir
con los pulcros atavíos de la literatura,
se presentan en cambio
con los andrajos de mi torpeza.
No se parecen a lo que leo;
y aun así los entrego,
porque aunque me avergüencen,
me pertenecen.

Este soy yo:
desnudándome,
dejando a un lado la carga que me atormenta,
confesando, para descanso de mi espíritu,
que me encanta lo que leo
pero no me satisface lo que escribo.
Y no lo niego por modestia fingida
ni por patético pesimismo,
sino porque no alcanza
lo que anhelo, lo que aspiro.

En esta mística tarea
soy un niño que ensaya, con pasos torpes,
el andar cadencioso de los grandes.

Y aunque no lo parezca,
al decirlo me libero:
me acepto
y me perdono las líricas profanaciones
y digo —hasta mañana, o hasta siempre—.
Pero ahora,
esta noche,
a pesar del peso del mundo sobre mis hombros,
no siento la necesidad de rendirme
ante un derrotista “hasta nunca”.

sábado, 8 de julio de 2017

La muerte irreversible del olvido

A veces siento en la frente y de manera tan palpable la notita de la muerte en la que se me informa que mi turno se acerca. Por alguna razón siempre que pienso en la muerte asocio su significado al del olvido. Creo que —me parece que alguien ya lo dijo antes— el olvido es la muerte definitiva, la irreversible, porque mientras alguien te recuerde, y alguien te nombre, vivirás todavía en esa persona por ese instante.
Todo el mundo tiene permiso de olvidarme, pero yo como un ser agradecido con la oportunidad de haber vivido estoy en la obligación de poner en marcha mi poder de supervivencia, aún en contra de la muerte irreversible del olvido. Por eso de cuando en cuando escribo anécdotas aleatorias, no por ti, que, si me lees, hombre, muchas gracias, sino por mí y por hijos, por mis nietos, que a la larga ellos también me van a olvidar, pero un poquito más tarde que los demás; pero yo moriré intentando inmortalizar mi nombre (porque le tengo miedo a la muerte, y al olvido).
Hoy estoy pensando en la muerte y como siempre ocurre me ha envuelto el olvido. Por un momento he olvidado que sigo vivo.

sábado, 3 de junio de 2017

Casualidad

¿Cuántas veces tuvimos la certeza de que aquella persona, de una u otra manera, se iba a quedar para siempre en nuestras vidas?
¿Cuántas veces tuvimos la certeza de que aquel preciso instante lo íbamos a recordar para siempre?
Muchos de los mejores recuerdos se gestan en el modesto abrazo de la casualidad, y la casualidad es ahora, no tiene horarios ni lugares predilectos.